Cooperativa 2/5

En To Kill a Mockingbird, Atticus dice -en los alegatos finales que hace a favor de Tom Robinson- que las cortes son el gran nivelador porque en ellas todas las personas son iguales. Pero esto casi nunca es cierto.

Los últimos días me he convencido de que hay un nivelador absoluto: la naturaleza.

Dice Ken Robinson que la inteligencia humana es

  1. increíblemente diversa (existen distintos tipos de inteligencia: matemática, visual, literaria, kinética…),
  2. dinámica (muchas partes del cerebro trabajan juntas cuando realizas actividades), y
    totalmente distintiva (la inteligencia es tan personal como son las huellas de cada persona).
  3. La consecuencia de esto es que existen tantas libertades como seres humanos.

A su vez, la consecuencia de esto es que las probabilidades de que tengamos el presente que tenemos fueron infinitas. Es decir: los elevadores, los equipos de futbol, los libros de Harry Potter, las corbatas y el Tratado de Libre Comercio son casualidades. Pudieron no existir y no hubiera pasado nada.

Los seres humanos (en plural y de forma individual) toman decisiones constantemente, y eso cambia sus futuros cada segundo.

A la naturaleza todo esto le tiene sin cuidado. Ella está determinadísima -y tiene de aliadas a la física y a la química- en que las cosas van a suceder como ella diga. Y si no les gusta, intenten sacarme la vuelta a ver cómo les va, parece decir.

¿Cómo es la convivencia entre ambas? Jerarquizada: la naturaleza siempre está por encima de la libertad.

Si representáramos la libertad con una línea, la línea sería más bien un trazo amorfo lleno de curvas, desviaciones y caprichos. La naturaleza, en cambio, puede representarse como una línea recta que atraviesa -y ancla- el trazo de la libertad en distintos momentos.

Más: ancla la vida y libertad de todas las personas a una constelación de procesos-fundamentales-para-la-supervivencia-de-la-raza-humana.

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En otras palabras, nos hace a todos iguales. Todos necesitamos comer, nos enfermamos, sufrimos cansancio y nacemos de -casi- la misma forma.

Para asegurar que esto sea realidad, la naturaleza inscribió en la motherboard (placa madre) de cada uno de nosotros -y como comunidad- una serie de procedimientos automáticos que se disparan cuando se actualizan determinadas circunstancias.

Todo esto suena robótico, impuesto y gris, pero en realidad es asombroso y abrumador, en el mejor de los sentidos.

Asombroso porque cualquiera de estos procedimientos te hace recordar que eres un ser finito, y abrumador porque la razón se queda cortísima para explicar lo que sucede en uno de estos momentos y para controlarlo.

Es asombroso, abrumador y me llena de maravilla.

36 horas después de la conversación sobre las molestias raras hice un recuento y una reflexión sobre todo lo que había sucedido: ¿conclusión? Que la naturaleza se había encargado de casi todo. A nosotros sólo nos necesitó como entes físicos -brazos, pechos, oídos alertas-.

¿Qué queda? Un ser humano asombroso que atrae mi atención también de forma automática y altera por completo mi libertad.

¿Que qué siento? Que estoy agradecidísimo con la naturaleza y con el Mastermind detrás de ella. Todo salió como debería salir -según la naturaleza y la libertad-.

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