Cooperativa 4/5

Los animales o cuidan a sus crías o no los cuidan, pero eso les viene por instinto, no por libre voluntad.

El ser humano es el único ser vivo que tiene la libertad de decidir NO proteger o cuidar a sus hijos. Ser buen padre no es obligatorio: requiere de toda tu libertad consciente y de toda tu inteligencia. Y de todas tus fuerzas.

El domingo 19 de julio dieron de alta a Viviana y al Hijo. Todo mundo nos había dicho que apenas iba a empezar lo bueno, refiriéndose al shock que sufriríamos -Vivi, yo y el bebé- en nuestra casa sin la ayuda del personal de enfermería. No hay nadie más en quién apoyarte además de tu pareja. Los dos son los únicos responsables en cuidar, alimentar, dormir y atender a la criaturita (sic).

La primera semana en nuestra casa fue difícil. Desde el principio intentamos detectar patrones de horario -alimentación, arrullación, limpiación y despertación-, pero tardamos poco en concluir que la voluntad de nuestro Hijo estaba por encima de todo. Como si dijera:

-¡Gracias por la observación y por todos sus cuidados! Como quiera les paso algunas reglitas que medio voy a seguir:

º voy a despertarlos cuando más quieran dormir,

º voy a comer cuando ya no tenga hambre,

º voy a ensuciar todos los pañales que se me antojen (a veces 3 en una hora) y quizá vomite -varias veces- los trajecitos tan chidos que me regalaron todos los que los visitaron

º voy a querer que me carguen tantito y luego ya no y luego otra vez y luego les voy a hacer creer que ya no pero me voy a esperar hasta que me pongan en la cama y apaguen la luz y luego cuando sienta que ya se durmieron voy a volver a querer que me carguen mínimo una hora hasta que vuelva a querer comer

Esas primeras noches mermaron mi capacidad de concentración y mi entusiasmo por escribir: por eso me retrasé dos semanas en escribir estos textos. Tenía cero ganas de redactar y opté por la televisión y el Playstation porque requerían cero esfuerzo mental. No me siento orgulloso de esto pero ésta es la verdad y se los confieso.

Con el paso de días hemos empezado a agarrar callo: las desveladas siguen pero sí han empezado a surgir patrones que nos permiten diseñar estrategias. A veces se queda Vivi durmiendo al Hijo y yo me duermo o viceversa. Esta cooperación ha sido decisiva en nuestra calidad de vida básica (horas de sueño).

Pero de vez en cuando volvemos a sentir el rigor.

El sábado y domingo de esta semana pasada dimos un taller iNSPiRA a personas que van a exponer el trabajo de sus organizaciones en el ForoMty (link). El programa salió muy bien y aprendimos muchísimo pero eso redujo el tiempo que tenía para descansar.

El domingo salí del taller y pasé por hamburguesas de Ribite para Vivi y para mí. Vivi me dijo que tenía cara de muerto así que intentamos dormirnos temprano, pero el Hijo decidió que quería dormirse tarde. Finalmente cayó dormido en los primeros minutos del lunes y sentí gloria cuando me eché en la cama.

Una hora después (circa 1am) se levantó y pidió atención con gemidos  y mini lloriqueos de warning.

-Yovoy.

Pero no podía moverme. Sentía que el Pípila había dejado su loza sobre mi pecho.

-¿ññññcomer? ¿eeequierress que ed pcho?- dijo Vivi claramente.
-ÑÑmno, ño creo. Pñal. Yovoiyovoi -contesté igual de claro.

Me paré. Agarré a Gabriel que para entonces ya estaba en Alarido Mode = Fase 4 (ah, porque hay 5 Fases de gritos de acuerdo al volumen e intensidad. La Fase 5 sólo la alcanza cuando está de súper malas y lo bañamos) y lo llevé al cuarto donde lo cambiamos.

Prendí la luz de las escaleras para no encandilarlo con la luz del cuarto. Deposité al Hijo en el cambiador y retiré el pañal que -efectivamente- estaba inservible, por decirlo de alguna manera. Apliqué la higienización con algodones mojados y me dispuse a ponerle el otro pañal PERO EN ESE MOMENTO DECIDIÓ CONTINUAR CON SU ELIMINACIÓN DE DESECHOS y algo de eso llegó a mi chancla nocturna y a otras partes de mi entorno cercano.

Volví a limpiarlo y a cambiarlo de pañal, y eso tranquilizó al hombre. Lo envolví en una colcha y lo regresé al cuarto. Lo dejé sobre su cuna y me arrojé a la cama. No estoy seguro si se durmió o no pero yo no volví a escuchar nada hasta como dentro de algunas horas.

Cuando vivo aventuras como éstas me pongo a pensar en lo difícil que será ser un buen padre en las distintas etapas de vida de mi Hijo: a veces, la libertad me sugiere darle a mi Hijo lo básico (tiempo, cariño, atención), pero casi siempre me sobrepongo a esa pereza porque creo entender las consecuencias de no comprometerte y de no ser generoso.

Trabajé al menos 10 años con adolescentes. Parte de mis tareas consistía en hablar con los padres de esos adolescentes para diseñar y ejecutar planes de acción en común.

Durante esos años descubrí el impacto tan fuerte que tienen los padres en el desempeño -qué palabra tan ñoña: desempeño) y felicidad de sus hijos -para bien o para mal-. Supongo que ahora estoy del otro lado, y lo que decida hacer o no hacer tendrá repercusión en la vida de mi Hijo.

¿Qué quiero para mi Hijo? Lo mejor. ¿Estoy dispuesto a dárselo? Supongo que sí.

El camino no va a ser fácil, pero lo que está en juego es mucho. Más de lo que ahorita me puedo imaginar.

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