Cooperativa 5/5

Cuando te ves en un espejo, ¿qué piensas de ti?

Cuando te preguntan que quién eres, ¿qué dices?

El jueves de la semana pasada salí de mi oficina y me dirigí a mi casa. En el camino repasé lo que había sucedido ese día en la oficina y en lo que quedaba pendiente para mañana. Unas cuadras antes de llegar a mi casa me acordé de algo:

-Soy papá.

Casi me paso un alto cuando caí en la cuenta. A veces me sumerjo en el trabajo o en alguna otra ocupación (el CV o speech de alguien) y olvido por minutos -a veces hasta horas- que desde el 17 de julio soy papá de una persona.

Como mi papá siempre fue para mí.

Los primeros recuerdos que tengo de mi papá son de finales de la década de los ochenta y muchos de ellos tienen que ver con música.

En 1988 yo tenía 4 años) y me animó a meterme a clases de teclado con Eduardo Casasús. En esos años formó un grupo donde él tocaba el bajo y cantaba, su compadre Chato la guitarra -con solos épicos-, mi hermano Carlos la guitarra, y yo el teclado.

Le interesaba que yo me convirtiera en un buen músico -de hobby- y quería que practicara a diario lo que aprendía en Casasús, pero a veces se enfrentaba a mi ya latente rebeldía.

Recuerdo el día que nos compró el Super Nintendo a principios de los noventa. Yo estaba jugando gol para afuera de mi casa y llegó en su pick up. Lo primero que me preguntó fue:

-¿Ya practicaste?

Yo sabía que era muy probable que esa tarde me regalara el Super Nintendo, así que me aseguré de hacer la tarea y ensayar teclado luego luego después de comer.

Otro grupo de recuerdos tienen que ver con excursiones y con camping. A mi papá le encantaba el monte y pasó una buena parte de su juventud -o del tiempo libre de su juventud- en la Laguna de Sánchez, de pesca y en otros lugares de encuentro con la naturaleza.

Un último grupo de recuerdos se centra en la relación que tenía con él. Tengo que decirlo: nunca fuimos mejores amigos aunque siempre intentáramos respetarnos. Hace algunos años escribí en este blog sobre una discusión que tuve con él alrededor del 2005. Lo resumo: mi papá estaba regañando a mi hermana porque había pedido un permiso poco razonable y yo -imprudente y quizá irrespetuosamente- entré en su defensa. Mi papá estalló contra mí diciéndome que porqué siempre me ponía en contra de él. Yo le hice otra pregunta:

– Más bien: nunca has intentado entenderme. Tenemos sensibilidades muy distintas y eso te hace pensar que siempre la traigo contra ti.
-¿Y cómo quieres que haga eso? Nunca me enseñaron a hacerlo. No tengo otra forma de educar mas que la que me dieron mis padres.

Del 2005 a la fecha de su muerte, la relación con mi papá mejoró. No sé si fue a raíz de esa discusión pero poco a poco comenzamos a comprender que éramos muy diferentes… y que a la vez éramos muy iguales.

Además, con el paso del tiempo fui descubriendo que adquirí de mi padre algunas de mis cualidades -o tendencias- más determinantes : su generosidad, su alegría y buen humor, su sencillez (ok, eso no me sale tan bien).

En mayo del 2014 se casó mi hermano y tuve que abandonar el departamento que compartíamos. Le sugerí a mi Madre la posibilidad de volver a casa de mis padres hasta que me casara (menos de un año) pero mi Padre se opuso: creyó que les quitaría tranquilidad y que llegaría a romper sus rutinas y a cuestionar todo -como siempre había hecho-.

Al final, mi papá cedió y volví a la casa. De agosto a diciembre del 2014 le subí de desayunar todos los días y eso nos obligó a acercarnos más. Recuerdo que en mi despedida de soltero (a finales de enero) escuché a mi papá decirle a mi suegro:

-Al principio no quería que Andrés regresara a la casa, pero no saben cuánto me ha ayudado en estos meses.

El 16 de marzo, Viviana y yo estábamos en Miami. Esa tarde tomaríamos un crucero por el Caribe. Mi hermana me envió un correo y me dijo que mi papá se estaba poniendo muy mal.

-Por favor mantente al pendiente Hermano.

Vivi y yo nos subimos al crucero y pasamos la noche en alta mar. La mañana siguiente llegamos a Nasáu y le dije a Vivi que bajáramos para buscar internet y reportarme con mi familia.

Entramos al primer Starbucks que nos topamos y le marqué a mi hermana. Estaba llorando:

-Andrés, le voy a poner el teléfono a tu papá para que te despidas. Ya está inconsciente y con respirador artificial.

Esa tarde volamos a Miami, y de Miami tomamos un vuelo a la Ciudad de México. Llegamos en la madrugada. Dormimos tres horas y luego tomamos el primer vuelo del 18 de marzo a Monterrey.

Mi preocupación más grande era alcanzar a decirle que iba a ser abuelo. Se lo dije al oído pero no tuve oportunidad de ver su reacción ni de platicarlo. Falleció al día siguiente.

Me hubiera encantado compartir lo que he vivido estas tres semanas con él. Creo que soy una persona relativamente buena y feliz, y muchísimo de eso es gracias a lo que aprendí de mi padre.

¿Cómo le hago para ser un buen padre? Tengo el ejemplo de mi papá. Me toca a mí serlo para Gabriel.

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