El año que empecé a poner atención

En noviembre del 2009 escribí un post titulado La liturgia del súper, que bien lo pudo haber escrito un extraterrestre después de su primera visita a un supermercado. Mi asombro y curiosidad son evidentes, y también mi poca atención o interés por el sabor y por la comida en general. Frases como

Podría desayunar, comer y cenar sándwiches de jamón todos los días,

Compramos nopalitos, tomate no-sé-qué (no era tomate bola pues me hubiera acordado: sólo sé cuál es el tomate bola)…,

Mi hermano me habló de las pechugas de pollo, y cómo puedes hacerlas con brócoli o al no-sé-qué (perdonen por la pobreza de vocabulario, pero no pude aprenderme todos los nuevos conceptos)

La penúltima etapa fue la de carnes frías para gente rica (no para pobres con cable de pobre jaja). Nos reímos de quesos que costaban $700 y de jamones exóticos extraídos del talón del Rey de España y estupideces así

llenan los párrafos del artículo.

Casi al final del texto aparece la siguiente frase:

Hoy en la mañana, me hice mis primeras dos quesadillas en muuucho tiempo. Fue algo muy emocionante.

Mi vida culinaria transcurrió igual por los siguientes dos años, hasta que un documental (Jiro Dreams of Sushi) captó mi atención por la comida en octubre 2011. Esa atención me llevó a reservar en Pujol en octubre del 2013, y esa experiencia despertó en mí un interés por comer mejor. El interés se intensificó en el 2015 tras mi visita a Central (marzo), la experiencia de ver la primera temporada de Chef’s Table (mayo) y comer en Axiote (diciembre).

Sin embargo, el 2016 fue el primer año en que me comprometí seriamente a profundizar en ese interés, y el resultado fue interesante, placentero y memorable, para empezar.

Como efecto de compromiso interés -¿como causa?-, Mario y yo, y luego Abel, nos dimos a la tarea de empezar República de la Sierra Madre, una revista digital de periodismo culinario que tiene el objeto de acercar a muchas personas a la cocina (personas que, como nosotros, quieren saber más sobre la comida; que, como nosotros, tienen curiosidad por conocer lo que hay detrás de chefs, productores y científicos culinarios; y que, como nosotros, les gusta el trip de compartir la mesa con personas queridas).

Además del trabajo que hicimos en República de la Sierra Madre y de las personas que conocimos (los Rivera Río y su equipo de Koli; Luisa de Huecani; Jorge de Chocosolutions; Xavi, los Solombrino, Karla Enciso, Jorge Ildefonso e Isaías de Playa del Carmen / Cancún; Carlos Leal y Carlos Solares; Lalo Plascencia y su equipo del CIG; Guillermo González; Andrés Garza de Triciclo 83; Jorge Guadiana; las chavas de Hojasanta; los de The Food Box; Alex y Bernardo de BreAd; Rodrigo de Mi Pueblo Mágico y Chuy de Pan Bennell; Marco de Trust, Edna Alanís y Salvador y Eugenia de Chef’s Night), le invertí gran parte de mi tiempo libre a leer y a ver documentales sobre la cocina (recomendables: las temporadas de Chef’s Table en Netflix, For Grace también en Netflix, el audiolibro Omnivore’s Dilemma de Michael Pollan y el de The Devil in the Kitchen, de Marco Pierre White; el libro Heat de Bill Bufford; los TEDx de Dan Barber y su libro Third Plate; el tomo de The Food Lab de Kenji Lopez-Alt, las reseñas de Pete Wells en el NyTimes, y este artículo sobre las reseñas de Pete Wells y el nuevo restaurante de David Chang).

El 2016 también ha sido el año en que más he gastado / invertido en comer: cada semana tenía que pasar por pan de BreAd, por chocolates de Llanderal, por tortillas de Huecani, por cervezas de Propaganda, Albur o Bracino, o no hacerlo y ahorrar para el viaje que hicimos Vivi y yo a Chiapas, y luego a NYC donde visitamos Blue Hill, Momofuku, The NoMad, Cosme, Eataly…

Y, principalmente, el 2016 quedará como el año que me empecé a interesar por cocinar. Esta semana, por ejemplo, rosticé mi primer pollo (con relativamente éxito). Además, he experimentado con platos e ingredientes básicos por primera vez en mi vida (todo tipo de verduras, salsas, desayunos, pescados más allá del salmón y el atún, atropellado, el uso de ajo, cebolla y mantequilla, la sal kosher, la pimienta fresca, etc).

Mi conclusión de todo esto es que ahora soy más exigente con el sabor y con el origen de lo que como: ya no puedo comer sandwiches de jamón todos los días… aunque me sigo emocionando preparando quesadillas, pero igual me pasa cocinando arroz, hamburguesas caseras, pasta o betabeles.

Más allá de convertirme en un conocedor, estoy empezando a ponerle atención a la comida, y me gusta compartir esas experiencias con otros -con todos-, porque creo que comer nos hace más felices, y creo que todos podemos comer mejor: con más sabor, con más consciencia y con un espíritu más generoso hacia los demás.

Este año descubrí que la comida es mucho más que una herramienta para satisfacer nuestra hambre: es una representaciones de lo que somos. Por eso el interés.

Ps. En otras noticias, República de la Sierra Madre está pasando por un rebranding. La próxima semana les cuento más sobre esto. Pero desde ahorita les aviso que tenemos dos artículos para enero del 2017: uno sobre hamburguesas y otro sobre cerveza local.

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